domingo, 7 de julio de 2024

Bar Ricardo. C/ del Dr. Zamendof, 16



Esta noche voy a cenar a un bar de tapas que tienen muy respetables mariscos. Ahora, permiten reservar pero hay dos turnos.   Como era jueves, pensaba que no habría mucha gente. Equivocación. Estaba todo reservado y todo se fue  ocupando en el turno  que tenían la reserva.   Cuando faltaban 10 minutos para que  nuestro   turno terminara,  vino el  camarero  y  amablemente  nos informó.   Así  que   hay que ser diligente, no perder tiempo ni en pedir, ni en cenar, ni en charlar, ni en nada.  Ellos atienden rápido.  Tú también debes serlo.


Bueno, al margen de la rapidez y los turnos, vamos a lo importante.

Para acompañar la cena, un cava Torelló tradicional. Buena entrada pero con un postgusto algo dulzón para mi gusto. Pero bien, acompañará a la cena.



Comenzamos con unas ostras Gillardeau nº1 tiernas, sabrosas. No necesitan de nada para estar deliciosas.

Después unas zamburiñas de escándalo. Bien planchadas y sin nada porque tampoco necesitan de ningún acompañamiento.

Un fantástico calamar a la plancha: tierno, muy gustoso. Nos traen la salsa Mery  por si queremos. No, no le hace ninguna falta.



Huevas de sepia a la plancha. Tiernas, bien hechas, con la textura que corresponde (algunas, a veces, están como demasiado cremosas. Estas tienen la textura masticable que es la que me gusta).


Sang amb ceba, sangre con cebolla. Tapa muy de la zona que hacía años que no comía (ni encontraba). Pese a estar buena y disfrutarla, voy con los peros. La sangre estaba demasiado cocida lo que hacía que su textura fuera crema. Excesiva cebolla. Me gusta pero estaba presente en exceso (y más cocida que frita) lo que quitaba mucho protagonismo al ingrediente principal, la sangre. Y bueno, llevaba muchos piñones. Pese a todo, la disfruté mucho.



Para rematar, y dado que no íbamos a pedir postre, nos pedimos un plato de queso curado (muy bueno) y una estupenda cecina de León, muy muy muy buena.

Bar con buenas tapas y una carta muy larga, para disfrutar sin agredir excesivamente a la economía personal.

miércoles, 3 de julio de 2024

Bottega Mansergo C/ de Sant Tomás, 18. 46003 Valencia



Esta noche de viernes vamos a una  bodega italiana.    Tenía antojo de pizza y    ya lo he saturado hasta dentro de una década. 

Estamos en el barrio del Carmen. Llegamos al restaurante y nos ubican en una mesa en la zona interior del salón. Nos dejan con las cartas para que vayamos eligiendo. Las cartas son largas, muy largas en lo que a pizzas se refiere. Vemos pocos entrantes y pocos vinos, todos ellos italianos.

Como vemos que hay un menú degustación, nos dejamos llevar y vamos a elegir unos entrantes y una pizza de cada tipo de los que tienen: esfera, la croccante y una blanca (para no ser con tomate que ya es más conocida). Aunque nos desviamos del menú degustación, de las pizzas que nos proponían,  pero mantenemos la estructura.

Como acompañante de la cena nos pedimos un prosecco Teresa Rizzi, para nuestro gusto, y pese a ser brut, tiene un final dulzón que no es mucho de nuestro agrado. Pero es lo que hemos pedido y nos lo quedamos.


Para entrantes pedimos parmigiana napoletana: berenjena laminada con parmesano y un tomate frito delicioso. El plato es fino, suave, y de fantástico sabor. Puede que fuera el mejor plato de la noche, junto a la pizza blanca. Pero no nos adelantemos.

El otro entrante fue una tabla de quesos y embutidos italianos: jamón de Parma, jamón crudo de Parma, salami Napoli, guanciale de cerdo toscano, gorgonzola, otro queso muy suave (sin sabor), mermelada y otra salsa blanca. La tabla contundente, el guanciale bueno, así como el jamón de Parma y el gorgonzola. El salami excesivamente graso y el queso, que no recuerdo el nombre, insípido. Para acompañar la tabla pedimos una focaccia sin nada para que hiciera las veces de pan.


Y vamos a las pizzas.  La esfera la pedimos de anchoa (la Cantábrica) con stracciatella de burrata, tomate confitado, anchoa cantábrica y emulsión de albahaca. La idea es buena y original pero falta relleno. Al final era una masa de pizza redonda con un poco de burrata, un asomado de tomate, una anchoa y algo de pesto. Se podría subir el precio y rellenar con más abundancia para conseguir un bocado interesante.


La pizza croccante es como una empanada: masa por los dos lados y rellena. La elegimos de Porchetta. Varios quesos, porchetta de Arriccia y patatas horneadas con romero. Interesante propuesta. ¿El problema? el exceso de patata que se llevaba por delante el sabor de todo el resto de ingredientes. En este caso, como en muchos otros, menos es más.

Y por último, una pizza blanca, la Bronte: mozzarella de leche pugliese, pesto de pistachos, mortadela Levoni, stracciatella de burrata y granulado de pistacho de Bronte. Pizza suave con una masa impresionante (de lo mejor). Muy interesantes estas pizzas blancas, sin tomate.


Además habían traído desde el principio, un aceite picante que consiguió elevar varios puntos aquellos bocados que no tenían un marcado sabor.

Pese a estar ahítos, no nos resistimos a pedir un postre para compartir: tiramisú casero. Pese a lo poco estético y lo difícil que es sacarle una buena foto, confieso que de sabor estaba francamente bueno, con un marcado sabor a café. 

Fin.