lunes, 1 de octubre de 2018

21 de septiembre de 2018. Kaori c/ Carlos Cervera, 8 Tf 961 14 48 16


Estamos en uno de los japones de Valencia que más me han sorprendido. Realizan un juego difícil y bien realizado entre la cocina japonesa y los productos mediterráneos. Además es un sitio que sorprende porque en apariencia en un sitio de 'comida de calle' pero si te dejas...te sorpenderán.
Llego la primera, me quedo tomando una caña de cerveza y esperando a Andrés. Comento con Carlos (está pendiente de la sala junto con un compañero que lleva unos días atendiendo en el local) lo que he pensado que comamos para que me oriente. Mi consejo es que dejes que te pongan lo que les apetezca en tu mesa. Así seguro que no te equivocas.
El menú que tienen siempre está bien (los platos son los mismos que hay en carta) pero confieso que nunca lo he tomado. Me gusta tomar más cosas.
Llega Andrés y decide esperar a que nos sirvan la comida.
Como compañero de mesa tomaremos un vino blanco Mara Moura, de la bodega Martín Codax con 90% de godello y 10% de Treixadura. Viene  muy frío por lo que en nariz poco nada notamos pero tiene una acidez muy correcta que va a plantar cara a todos los platos.
Y vamos a lo importante.
Como entrante frío tomamos un Usuzukuri de  vieira con salsa yuzu, miso, pesto rojo de tomate seco y albahaca, chile dulce y picante, uvas de mar y pomelo tailandés (seguro me he dejado ingredientes). El plato es redondo (aunque se presenta en uno alargado): bocados intensos con muchos sabores que convergen en un disfrute superlativo. Estamos comenzando y vamos con masclet que parece el final de la comida...
El segundo entrante es uno caliente: gioza de pollo crujiente con espuma de kabocha, miso y gorgonzola sobre crema de calabaza. Crujiente, sabroso, delicado...bocado delicioso.
Y vamos a platos más importantes.
Uramaki  de ventresca de atún: relleno de brie rebozado en panko, confitura de tomate y parmesano. Bocado delicado, lleno de sabores que se pueden diferenciar si tomas tu tiempo en masticar detenidamente. Impresionante.
Uramaki de langostino en tempura con cangrejo desmigado, aguacate, espuma de bogavante con kimchee, leche de tigre huevas de tobiko-yuzi y crujiente de plátano macho con una crema de algas (o algo verde y con potente sabor marino): tremendo uramaki, lleno de sabor, divertido, con diversas texturas y volvemos a sentir que si masticamos con cuidado, detectamos todos los sabores de todos los ingredientes. Soberbio.
Y nos dejan para el final el mejor de los mejores. No está en carta porque depende de la disponibilidad de anguila en el mercado. Nigiri de anguila: medallón de foie con boina de anguila y crujiente de fresa y crema de la misma (supongo faltan y sobran elementos pero eso es lo que he distinguido y disfrutado). Este es el bocado definitivo. Después de este, ya no hay nada mejor. No hay que perderselo si estás en este restaurante.
Como postre nos tomamos un maki dulce: maki relleno de bizcocho de kaboche y piña natural, envuelto con masa de mochi, por encima crema pastelera de té verde, espuma de yuzu y fresas con salsa de chocolate negro (no lo era...era con leche, con poca pero con leche) y wasabi. Bien, aunque después de la fiesta que han sido los platos, el postre era lo de menos.
No tienen café por lo que Andrés se queda sin su ristreto. Nos invitan a un delicioso licor de jengibre: dulce, pero no mucho, con el toque picante del jengibre. Me ha encantado. Y repito.
Varios platos nos los han traído y explicado los responsables de todos ellos:  David, jefe de cocina, como Alberto, chef. Un equipo joven pero lleno de ganas y de buen hacer. Este sitio pasa a estar entre mis preferidos.

7 de septiembre de 2018. Ostrarium c/ Chile, 9 Tf 963 20 54 84


De nuevo viernes y otro viernes más #elviernestoca esta vez vamos a un local de ostras...y más cosas. Llego apenas unos minutos antes que Andrés. Me pido una caña y le espero. La caña viene con unas papas para entretenerme. Tengo las cartas a mano para echar una ojeada.
Llega Andrés y después de consultar todas los formatos en que se sirven las ostras, dicho de otra manera, de marear a las personas que nos van a atender (Rosmery - con una paciencia eterna - y Fantus -si escribo mal los nombres, mil perdones-) les pedimos unos minutos para ponernos de acuerdo.
¿Qué teníamos que negociar? bien...Andrés sigue con la idea que no me gustan las ostras (¡Ja!) y que tampoco me gusta el vino blanco (más ¡ja!) y menos el cava rosado (¡jajajajaja!) y no se cuantas veces le voy a tener que explicar que eso fue hace muchos, muchos años. Bien.
Con el tiempo que nos dan nos ponemos de acuerdo en qué vamos a comer.
Vamos a lo importante. 
Como compañero de mesa, un cava rosado: Raventos i blanc rosado de Nit. Al principio con burbuja imperiosa pero se convierte en un trago afrutado y con buena acidez, tranquilo y suave, muy, muy elegante y dejando presencia sin apabullar. Buen cava.
Para comer nos inclinamos por pedir cosas para picar (aunque su menú de al mediodía nos atrae pero no vamos a perder la oportunidad de probar especialidades de este local.
Comenzamos con salazones: unos lomos de anchoa del Cantábrico (mariposa doble): muy buen salazón como deben ser las anchoas. Vienen con unas aceitunas y encurtidos para dar algo de juego al plato, así como unas tostadas de pan integral que vienen como anillo al dedo (acidez del pan con salazón de la anchoa...10). 
Unas huevas de maruca. Para los amantes de los salazones estas huevas son deliciosas y tienen un precio ajustado como para poder pedirlas en cualquier sitio. Buenas buenas.
Queso Stiltonclowsan Blue. Queso Stilton desmigado acompañado de manzana y blinis. Bocado especial, muy especial.
Y terminamos con una de sus especialidades: ostras. Combo de 6 ostras. Vienen al natural pero les acompañan sal, pimienta, vinagreta de vino tinto con cebolla roja, tabasco para que compongamos la ostra como nos venga bien. Confieso que he prestado poca atención a qué tipo de ostras nos van a poner...sólo se que son francesas.
Tenemos cada uno tres ostras (Andrés piensa que le voy a dar una de las mías (¡ja!). La primera la compongo con un poco de sal y algo de pimienta. Buena. La segunda: pimienta y vinagreta. ¡deliciosa! y la tercera (si, me la como yo y no se la ofrezco a Andrés): vinagreta y unas gotas de tabasco ¡soberbia! 

Y vamos a los postres. Andrés se queda con el chocolate en texturas (helado de cholate blanco, bizcocho de chocolate y tierra de chocolate negro). Yo me pido un helado de chocolate blanco (no tienen ni vainilla ni nata) con un café. Tengo un antojo de este postre 'viejuno' que adoro.
Rematamos la comida con unos cremaets que vienen como detalle de la casa junto a un pequeño porrón de mistela. El cremaet está espléndido. Buen remate de comida.

24 de agosto de 2018. L'Encis c/ Felix Pizcueta, 13 Tf 960 64 45 54

Por fin podemos volver a nuestras comidas de viernes. Esta vez vamos a un local que lleva abierto desde enero. Aunque los dueños son de familias hosteleras, esta es su primera andadura en un restaurante.

Pero vamos a lo nuestro. Como casi siempre, llego la primera. Hace tanto calor que no me apetece callejear por Valencia (estoy en zona de tiendas). Así que voy a esperar a Andrés dentro del restaurante.

Me recibe Enrique (quien se hará cargo de nuestra mesa durante casi toda la comida). Veo que tienen Amstel como cerveza de barril, tanto la normal como la Oro. Me pido una Amstel Oro y le ruego me traiga las cartas para ir viendo cuál va a ser nuestra comida.

La cerveza viene bien fría y acompañada de unas aceitunas con encurtidos, aliñados. 
Veo las cartas y me decido por unos platos no sin antes consultar si es mucha o poca comida. Tienen un menú al mediodía interesante: los platos son los mismos que hay en carta sólo que hay que elegir entre un primero y un segundo (no son platos fuera de carta).

Viendo los platos, el compañero de mesa va a ser un blanco de merseguera: Cent Piques de Fontanars dels Alforins. Un blanco joven del 2016, fresco, con algo de fruta y una excelente acidez. Entra que ni te enteras.

Y vamos a los platos.
Como entrantes nos pedimos un humus de garrofó con miel y hierbabuena. ¡Extraordinario! la hierbabuena le otorga un toque ligero, fresco a este humus que como todo, y especialmente el de garrofó, pecan de muy consistentes y algo pesados. Nos encanta y terminamos comiéndolo a cucharadas.


Andrés acompañará los platos con agua mineral con gas San Pellegrino dejándome sola ante la botella de vino Cent Piques.

Un tartar de atún con chutney de mango. Un plato correcto, de muy buenas proporciones.
El atún bien cortado a dados (a cuchillo) y muy macerado con los demás ingredientes formando un todo.

Sorprendente Gwa Bao de mar: con chipirón, kimchi y berros. Casi siempre lo hemos visto con carne: cerdo, pato, panceta, etc. Nos ha encantado que esté hecho con chipirones. Es un bocado fresco, muy nuestro (excepto el pan...pero se integra bien). Lo que no he notado es el kimchi (lo esperaba picante pero ya se sabe que en esta zona hay que domesticar las especias y los picantes para el gusto del personal). Muy ocurrente y bueno.
Como plato fuerte nos pedimos un secreto de cerdo a la parrilla  con salsa hoisin. Viene con unas patatas en gajos, algunas verduras y unas tiras crujientes de yuca y boniato (creo). Plato contundente que casi nos tumba. El secreto bien dorado por fuera y muy jugoso por dentro.
A estas alturas el apetito hace tiempo que nos ha  abandonado. Pero seguimos con el postre.
Brownie de chocolate con helado de nata: excesivamente dulce para mi tanto el brownie como el helado pero Andrés da buena cuenta del plato y remata la comida con el consabido ristreto.
Yo apuro las ultimas gotas de mi Cent Piques.
Tenemos una charla agradable con los socios y dueños del restaurante, dos jóvenes de Gandía de familia hostelera. Hablamos de platos, de problemas, de arroces, del verano. Buen sitio, si señor.