jueves, 14 de mayo de 2020

14 de mayo del 2020. Casa de Karoleta.

Hoy no es viernes, pero como si lo fuera. Estar en casa no significa comer mal, al revés, significa cuidarse y darse el gusto de preparar platos deliciosos. 
Para comer me he marcado un osobuco con gremolata. Im-pre-sio-nan-te. Me ha encantado la gremolata. Nunca la había hecho y es muy fácil y aporta frescura a cualquier plato. De ahora en adelante me declaro fan de la gremolata.



sábado, 25 de abril de 2020

25 de abril 2020. Vinos para acompañar.



Seguimos sin poder realizar nuestras comidas de viernes pero eso no quiere decir que no sigamos buscando, en este caso, vinos que puedan acompañar a nuestras comidas. 
Este lote lo he recibido de la Bodega Hacienda Grimón (Rioja). Una de cada para probar lo que hacen. Confieso que ya las he probado y me cuesta tanto elegir que he repetido el lote entero para ver si, con esta segunda vez, me decanto por algunos de ellos.

sábado, 21 de marzo de 2020

20 de marzo de 2020. Cada uno en su casa.

Como esperamos que estéis haciendo todo el mundo #YoMeQuedoEnMiCasa que es lo que hay que hacer y salir de casa nada o casi nada. Solo lo imprescindible.
Nos encontramos en cuanto pase todo esto. 
Volveremos a buscar nuevos locales donde disfrutar de buenos platos y buenos vinos.

#JuntosLoVamosAConseguir

lunes, 16 de marzo de 2020

6 de marzo de 2020. Oris c/ Almirante Cadarso, 7 Tf 960031213

Un viernes más, toca comida y nos vamos buscar un nuevo local. Estamos en la zona de L´Eixample. Una vez más, llego la primera. El local está vacío (es casi hora de la mascletá) y me dejan elegir mesa. Me quedo con una cerveza Alhambra y unas aceitunas esperando que llegue Andrés. 
Ibamos a pedir el menú de degustación pero este no lleva el descuento del 30% que lleva haber hecho la reserva por medio de El Tenedor. Así que nos vamos a la carta.
El primer problema lo encontramos con la bebida. Como ibamos a tomar platos diferentes, especiados, carne, pescado...pensamos en pedir un cava. Después de emocionarnos con tomar un Agustí Torello (que no tenían)...bueno pues un Juve Camps (que tampoco tenían), decidimos seguir con cerveza. Aunque habían vinos, no nos apetecían los blancos que si tenían frescos.
Bueno, vamos a lo importante.
Como entrante pedimos un trío de mini arepas: Reina Pepiada que consiste en pollo deshilachado, mayonesa de aguacate y queso, de gambas con tomate y aguacate y de rabo de toro con su salsa. Me anticipo: de todos los platos, este es el que más nos gustó. Las arepas calentitas, bien rellenas y con un relleno sabroso, bien condimentado. Bocados ricos.
Ceviche de salmón. Viene con maiz dulce de lata. Probamos un par de bocados y decidimos preguntar el por qué de este maiz. Parece que se les había acabado el maiz tostado que debe llevar el ceviche. Así que renunciamos al ceviche. Este maiz convertía el ceviche en una ensalada dulzona. No es de nuestro agrado. Nos lo retiran sin problemas.
Tataki de solomillo con pesto de pistacho y jengibre. La carne es tierna y con el pesto hace una suma un tanto complicada. Nos lo terminamos poniendo caras de no entender muy bien el plato.


Steak tartar con tostas de arepas. Al moverlo recojo algo de más de mostaza por lo que la carne sabe  demasiado a mostaza. No es de los mejores steak tartar que hemos tomado pero se deja comer. Pedimos algo de pan tostado porque el plato es grande y las arepas pequeñas.






Como postre pedimos una tarta banofee: galleta, dulce de leche, banana y merengue (aunque el sabor recordaba más a una crema de queso). Dulce, dulce, dulce. 
Andrés remata la comida con su consabido ristreto que viene en unas medidas excesivas mientras le acompaño con un vaquerito de Cutty Sark que me hace recobrar la confianza en la humanidad.

21 de febrero de 2020. Zynnia Plaza de Cánovas, 1 Tf 961457119

Una comida más de viernes. Esta vez en pleno Eixample, en plena plaza de Cánovas del Castillo.
De nuevo llego la primera (me encanta llegar la primera, sin prisas, elegir la mesa, tomarme algo mientras espero...un verdadero placer) y elijo una mesa bien iluminada. Seremos tres para comer, y sin que sirva de precedente.
Me pido una copa de cava, que viene con unas almendras fritas y me dispongo a relajarme mientras espero la llegada de Andrés.
Cuando llega Andrés, se pide una copa de champagne y decide que vamos a comer con Moet Chandon. Le dejo hacer, es su día, su restaurante y él se encarga de pedir y de pagar, así que hoy él manda. El champagne tiene una burbuja fina, muy fina, con sabores como de bollería y frutas muy frescas. De trago fácil y buena permanencia. Va a ser un excelente compañero de mesa.
Y vamos a lo importante.
Como detalle de la casa nos traen unas finas láminas de zanahoria enrolladas sobre sí mismas y rellenas de queso cremoso, olivas negras y mejillones. Un bocado resultón.
Nuestros entrantes serán:
Croquetas de jamón. Francamente buenas, con buen sabor a jamón y una consistencia intermedia. Muy ricas.
Buñuelos de bacalao con una boina de alioli. Están buenos pero  me gustan con más sabor a bacalao, más potencia en el salazón tan delicioso que llevan.
Tataki de atún rojo rebozado con semillas de sésamo blanco y negro. El atún está delicioso, tierno, sabroso y con la textura crujiente que le aportan las semillas. Viene con una salsa de soja y jengibre que le dan un toque juguetón al bocado.

Gambitas fritas. Gambitas muy pequeñas, bien fritas, crujientes que permiten comerlas enteras sin desperdiciar ni las barbas. No paramos hasta dar buena cuenta del plato.
Salmonetes fritos. También de pequeño tamaño lo que permite que no dejemos ni el rabo. Sabrosos, crujientes. Qué buenas están las frituras cuando se hacen bien, con esmero, sin engrasar el producto. 
A estas alturas ya no nos queda ni hambre ni champagne por lo que nos pasamos al vino Improntu rose de las bodegas Hispano Suizas. Un rosado con un bonito color cebolla. En la entrada sobresale una frambuesa con buena acidez, luego desaparece dejando un vino amable, golosón y con una acidez que lo hace buen compañero de muchos platos.
Vamos con el plato fuerte: rabo de toro con puré de patata. La carne está muy tierna, sabrosa, con una salsa oscura de vino y carne y unas chalotas para pensar que también estamos tomando verduras. Muy buen plato.
Estamos sin nada de apetito, pero vamos a llegar al postre: torrija con crema inglesa y mantecado. No muy dulce y con el frio del helado lo hace muy apetecible.
Andrés remata la comida con su consabido ristreto que viene con unas buenas trufas y como digestivos nos pedimos un par de chupitos, uno de calvados y uno de macallan.
Buena comida con platos más tradicionales, pero con muy buena elaboración.











sábado, 8 de febrero de 2020

7 de febrero de 2010. La Taula de Yoon c/ Doctor Serrano, 19 Tf 640848935

Estamos en el barrio de Ruzafa y hoy comemos en un restaurante de cocina coreana. Llevan abiertos cerca de un año y reconozco que le tenía ganas desde hace mucho tiempo.

Una vez más, llego la primera y me dejan escoger una de las tantas mesas que tienen para dos comensales. Elijo la que me parece estar mejor iluminada y me quedo leyendo las cartas y degustando una fantástica Alhambra especial.
Cuando llega Andrés, ya tengo claro lo que vamos a comer. Durante toda la comida nos atenderá Raúl (que me ha ayudado a no pasarme pidiendo y a elegir platos según nuestros gustos) que se encarga de atender toda la sala. Yoon estará al mando de los fogones.
Como compañero de mesa y una vez finiquitadas nuestras cervezas, tomaremos un tinto de Ribera del Duero, Dolmo: un tempranillo sin complicaciones, con buenos toques de fruta, fresco y con una ligera persistencia pero con una acidez que va a poder competir bien con el picante de nuestra comida.

Y vamos a lo importante.
Como entrantes pedimos unos Mayak Gimbap, unos mini makis (algo más delgados y más largos) con una salsa algo dulzona pero con algo de wasabi. Frescos, divertidos y ligeros.
Kimchi. Me encanta el kimchi y este estaba crujiente, con un punto subido de picante. De-li-cio-so.

Como plato fuerte pedimos un Ssam Set, un plato para compartir. Y de entre los que habían, pedimos un Jeyuk Bokkeum, es decir, cerdo picante salteado con unas tiras de verduras. Este plato viene acompañado de hojas frescas (de lechuga y de roble), una salsa de miso con toques dulces y picantes y nabo picante. La salsa (una poquita), el rábano, el cerdo y las verduras se ponen encima de las hojas frescas y se lian haciendo un rollito. Y a disfrutar. El cerdo estaba tierno, sabroso (sólo para amantes del picante). El conjunto está lleno de matices, de sabores intensos que juegan a entremezclarse, jugando a hacer equipo y no a sobresalir unos sobre los otros sabores. Impecable plato.
Este venía, además, acompañado por tres platillos del día: el nabo picante (ya lo he comentado antes), tortitas coreanas (creo que nouk bindaetteok, de judias secas) con una salsa de cebollino con salsa de soja, vinagre de arroz, aceite de sésamo tostado y granos de sésamo tostado. Las tortitas estaban buenas pero la salsa era deliciosa, para comerla a cucharadas. El tercer platillo era un guiso de patatas que siendo así de simple, en apariencia, estaban muy ricas y dulcificaban nuestras papilas ante al cerdo picante.
Sólo había un postre así que poco tuvimos que pensar: mousse de té verde con chocolate blanco. Es cierto que se hacen muchos postres con té verde. Me encanta el té verde (lo tomo a diario) pero en los postres creo que siempre se vuelve el protagonista principal eclipsando a todos los demás sabores. Lo bueno del postre fue que era muy poco dulce lo que ayudó, junto con Andrés, a terminarlo sin problemas.
Andrés remata la comida con su consabido ristreto. Pregunto a Raúl por algún digestivo y me presentan el Soju, un licor coreano fermentado que puede ser de cebada, de arroz, con caña de azúcar, con fructosa y con zumo de pomelo. Hay muchas versiones aunque en un principio se elaboraba sólo fermentando arroz. El resultado es un licor suave que recuerda al vodka pero mucho más amable y algo más dulce.
Una buena forma de rematar esta comida coreana. Pienso repetir.













24 de enero de 2020. Juu Ni C/ Cirilo Amorós, 12 Tf 960215373

Este viernes vamos a tomar nuestro primer ramen en estas comidas de viernes. Hace un poco de frío (bueno, del frío de Valencia) y tomar algo caliente nos va a sentar bien. Es un local cuya especialidad  es el ramen y llevan abiertos no llega a un mes.
Una vez más, llego la primera, me sitúan en la mesa que está reservada para nosotros y me dejan no sin antes ofrecerme algo de beber. Me decido por una cerveza Turia mientras espero.
Esta comida, y una vez más, vamos a ser tres en la mesa. Esto lo comento por la cantidad de platos que van a aparecer en las fotos y en los comentarios. 
Existe un menú que consta de un entrante, un primero y un ramen. Miramos bien la carta y con lo que vemos, nos decidimos.
Al ver los platos que íbamos a disfrutar nos decantamos por un vino blanco. La mala suerte hizo que no lo tuvieran frío así que volvimos a leer la carta de vinos y fuimos a lo seguro: Venta del Puerto 12. Como siempre, un vino seguro, goloso, más imperioso al principio y amable al cabo de pocos minutos. La primera botella viene con defecto. Lo pruebo y lo descarto. La segunda botella viene impecable y en su punto de frescor.
Fuera de carta vamos a optar por unas ostras y un steak tartar. Las ostras vienen con una espuma y unos brotes que no desmerecen ni empañan a la ostra (Andrés piensa que son muy pequeñas). Están buenas. El único pero es que no estaban soltadas de la concha así que me comí los brotes y la espuma y se quedó la ostra para el segundo bocado una vez conseguí separarla de su concha. 
Mención especial a quien nos atiende, Uber, que será amable y atenderá todas nuestras preguntas y peros. Siempre que se acerca a la mesa para retirar platos, nos preguntará qué nos ha parecido el plato. 
El steak tartar viene bien aderezado, un punto subido (me encanta) de picante. Le acompaña unas láminas de yuca. Buen plato con sabrosa carne y bien cortada a cuchillo. 
Y vamos a lo que realmente era el menú.
Como entrantes pedimos edamame (vainas de soja bien fritas con sal maldon) y Gona wakame (algas cortadas muy finas y aderezadas como ensalada. Muy ricas).
Como primer plato elegimos:
Tonkatsu (lomo ibérico rebozado y frito. Pese a estar bueno, para mi estaba excesivamente rebozado y poco jugoso. Pero a Andrés le gustó.
Gyoza de verduras: buenas pero les faltaba un toque de especias para hacerlas más divertidas.
Gyoza de pollo: las mejores, con buen relleno y sabrosas. 
Evidentemente habían cuencos con soja para mojar las gyozas y hacerlas más sabrosas.
Los tres nos decantamos por el mismo ramen, Miso Ramen, que como se indica el caldo era de miso (pregunté qué tipo de miso era y no supo decirme qué tipo de todos los misos que existen era el que estaban utilizando). El cuenco era enorme lleno de fideos soba sabrosos y divertidos, maíz, col lombarda cortada muy muy fina, un trozo de cerdo como macerado y un huevo con la yema casi líquida que pasó a formar parte del caldo. Comimos hasta no poder más y aún así se quedó en los cuencos casi la mitad de lo que había venido. Esto es bueno saberlo para próximas veces. 
Para postre nos comentan que sólo tienen helados. Nos decidimos por tres sabores: té verde (para amantes del té, con potente sabor), menta japonesa (más bueno de lo que pensábamos con un toque cítrico que lo hacía muy refrescante) y vainilla (no me resisto a hacer el postre ochentero de verterle un café expreso por encima para hacer un postre maravilloso. Mira que me gusta este postre). Mientras me relamo con mi postre del siglo pasado, Andrés remata la comida caldosa con su consabido ristreto (bueno, será un expreso).
Sitio interesante y les animo a ampliar su carta de ramen.