
Este viernes vamos a un local que lleva abierto apenas 20 días. Una vez más, y por unos minutos, llego la primera. Al entrar te recibe un expositor de marisco y de carne madurada lo que hace pensar "hoy como bien seguro". El local es luminoso, con mesas bien vestidas y con una distancia entre ellas muy pero que muy aceptable. El dueño, el señor Licciardino se pasea tranquilamente por el local y se acerca suavemente a las mesas que lo solicitamos. A él le preguntamos por el tiempo que llevan abiertos, por la buena acogida que están teniendo (estaba totalmente lleno), nos habla de la carne, del vino. Un placer hablar con él.

Antes de dar el primer sorbo a mi cerveza llega Andrés.
Tienen un menú por un precio espectacular y más teniendo en cuenta la zona. Los precios en carta están bastante ajustados pero siempre hay que preguntar por si tienen algo fuera de carta.

Y vamos a lo importante.

Pulpo a la brasa sin más: patas de pulpo bien braseadas con un potente sabor a pulpo. Sin más florituras que un ligero aroma a romero, un plato delicioso.
Nos decidimos por probar la pasta: parpadelle con ragú de rabo de toro. Fantástica pasta al punto con una sabrosísima salsa de ragú y grandes trozos de carne de rabo. Muy muy buena.


Y llegamos a duras penas al postre. Nos decidimos por el llamado postre Licciardino: un bizcocho de chocolate sin harina acompañado con helado de vainilla y chocolate caliente. Pese a estar ahítos, nos lo devoramos.
